El nudo de las todas las labores de la Electricidad Industrial es el bobinado de motores. Todo se organiza en torno a esta difícil labor, que requiere de talento artesanal, constancia y paciencia. Así lo explica Ignacio Pérez, técnico especializado en la materia y que ya cumple diez años en Tecnoeléctrica Valparaíso Ltda. Estudió en un liceo industrial, pero, según dice, bobinar motores lo aprendió en un taller, conducido por un maestro.
Cuenta que siempre ha habido una escasez de bobinadores. A los estudiantes no se les enseña el oficio —afirma— y por tanto empezarían de cero al ingresar en los talleres. Como desconocen la artesanía de bobinar, requieren de un tiempo de formación y especialmente de paciencia. Ignacio ha formado a varias generaciones de bobinadores y siempre le ha llamado la atención que no pocos jóvenes piensan que es fácil y que los tomará un día aprender. Luego comprueban que no funciona de esa manera. Calcula que se requieren cinco años de práctica y aprendizaje para alcanzar el 60% de la capacidad de un maestro.
Existen, puntualiza, dos tipos de bobinados: de alambres y de barras. Es un proceso lento, que empieza con la recepción del motor quemado. Se retira con calor el alambre chamuscado, ablandando los barnices. Las bobinas de alambre se hacen in situ en los talleres, mientras las de barra generalmente se mandan a hacer con terceros. Los parámetros que se contemplara al iniciar el proceso son los de potencia, voltaje y tamaño.
«Esto se parece mucho a tejer —señala—, requiriendo de mucha paciencia».



